domingo, 19 de agosto de 2012

RELATO DE VERANO II


Todos salieron corriendo, ocultando sus rostros, huyendo de su fechoría. Pero Sara se quedó inmóvil, incapaz de reaccionar, con los ojos cerrados, la respiración entrecortada y muerta de vergüenza. No supo ni pudo dar las gracias; ni mirar siquiera, a su Salvador...

En cuanto se recuperó un poco, pudo alejarse de aquella sórdida escalera para dirigirse a su casa. Tan sólo allí, con la seguridad que le ofrecía su familia, y en la intimidad de su dormitorio, pudo romper en sollozos. Aquel suceso marcó a Sara profundamente. Su estabilidad emocional, frágil a su edad, se quebró. Durante muchos días y semanas, Sara no se atrevió a salir a la calle. Tenía un miedo atroz a encontrarse con alguno de sus asaltantes o con todos ellos, otra vez. No les conocía por la cara, es cierto, pero sí podía reconocer el olor intenso de la saliva de cada uno.

Bufant el vent

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