A veces, según la sensibilidad del momento, con los sentimientos a flor de piel debido a los avatares de la vida, tan solo hace falta una chispa para que los recuerdos y vivencias más escondidos, incluso ya olvidados por esa memoria selectiva, emerjan a la superficie de nuevo, inundándolo todo, presidiendo la cotidianidad del día a día. Con el paso de los años y volviendo la vista atrás, uno se da cuenta de que el tiempo todo lo cambia a un ritmo y compás cuya elección no siempre está en nuestras manos. Y de que somos como esas colchas de patchwork hechas de pedazos de telas distintas cosidas entre sí mediante costuras que guardan íntimos secretos. Qué miedo da lo que esconden. Qué miedo da descubrirlo...
Núria García
Agosto, 2012
| Words |
¡Hasta pronto!